Hermenéutica, Homilética

Aprópiese del mensaje

¿Cuál es su historia?
Todo comunicador tiene notas. Pero no hay ninguna razón para que alguien tenga que saber que usted tiene notas. Es probable que usted quiera ser más interactivo en su estilo de comunicación. Para hacer esto, no puede estar atado a sus notas. Las únicas personas que conversan con notas, son aquellos que ejecutan una audición para ser parte de una obra. Pero aún los actores más novatos jamás pensarían en andar en una plataforma con sus libretos. ¿Por qué? Porque un buen actor no quiere ser sorprendido actuando. Quieren que su audiencia crea que ellos realmente son lo que pretenden ser; que realmente sienten lo que pretenden sentir; que las palabras que dicen vienen de sus corazones y no de un guión. ¡Y nosotros, también lo hacemos!
Hay una escena en la película El patriota cuando Benjamín Martín, interpretado por Mel Gibson, le dice adiós a su hija Susana de cinco años de edad, quien no había hablado desde la muerte de su madre. A lo largo del filme, Martín había tratado de persuadir con halagos a Susana para que hablara. Pero todo era en vano.
Hacia el final de la película, Susana está al lado de su tía Charlotte mientras Martín y su hijo Gabriel se preparan para salir a cabalgar y batallar con los sacos rojos. Antes de montar su caballo, Martín le hace señas a Susana, pero ella no se mueve. Entonces él se arrodilla y dulcemente la abraza y le dice:
—¿Solo un pequeño adiós? ¿Una palabra? Eso es todo lo que quiero escuchar.
Susana permanece en silencio, con los brazos caídos, insensible. Martín se levanta y ella solo lo mira. Pero cuando Martín y Gabriel se montan en sus caballos y empiezan a alejarse, Susana, con lágrimas que corrían por su rostro, corre hacia su padre y grita:
—¡Papá! Papa, no te vayas, diré lo que sea. ¡Por favor, papá, diré todo lo que quieras!
Martín se da vuelta sobre su silla y ve a Susana corriendo hacia él. De un tirón hace que su caballo se dé vuelta y empiece a galopar hacia su pequeño ángel, mientras ella sigue gritando. Tomándola en sus brazos, Martín la acerca más a él mientras lucha por no llorar.
—Te hablaré —dice llorando—. Diré todo lo que quieras, solo dime qué quieres que yo diga, diré lo que sea, te lo prometo, por favor, solo quédate papá.
Vi El patriota con un par de amigos. En medio de esa escena, miré a mis amigos y vi que tenían lágrimas que corrían por sus mejillas. Banda de cobardes. ¿Qué es todo eso? Es una película, por el amor de Dios. Y es Mel Gibson. E incluso esa no es la hija de él. Ellos lloraban como si estuvieran presenciando un verdadero milagro. Y yo también. Las seis veces que la vi. Pero ¿cuán efectiva hubiera sido esa escena si la pequeña Susana hubiera estado mirando sus notas mientras leía: “Te hablaré. Te diré todo lo que quieras”? No mucho.
Ahora me doy cuenta de que la actuación y la predicación son un poco diferentes. Pero no tan diferentes como usted podría imaginar. Si usted está en una plataforma con un micrófono, mejor que esté preparado para actuar. Como un buen actor, tiene que ser creíble. Porque a pesar de todo, ¡usted realmente cree! La gente está esperando que usted los atraiga en múltiples niveles. Y en la luz de lo que está en juego, usted debería ser tanto persuasivo como convincente. Si un actor está dispuesto a memorizar y a incorporar un guión con el fin de convencernos de que él o ella son alguien excepto quienes realmente son, ¿cuán motivados deberíamos estar para hacer propios nuestros mensajes con el fin de convencer a nuestra audiencia de que realmente somos quienes afirmamos ser?

Poséalo

Antes de levantarnos —o en mi caso, sentarnos—para entregar un mensaje, debemos poseerlo.
Con poseerlo quiero decir que usted, el comunicador, debería ser capaz de sentarse en una mesa y comunicar su mensaje a una audiencia de dos personas, de tal manera que sea tanto interactivo como auténtico. De alguna manera el mensaje debe convertirse en una historia personal que usted pueda contar como si fuera extraída de su experiencia personal. Cuando usted puede “contar” su sermón en lugar de “predicarlo”, está preparado para comunicarse. Pero eso no sucederá hasta que se haya apropiado del mensaje, hasta el punto de poder hacer una versión de cinco minutos y decirla de memoria.
Si eso suena irreal en esta coyuntura, probablemente es porque usted tiene el hábito de exprimir demasiado mucha información, y de usar demasiados versículos y de no poner mucha vida en sus sermones. La información es difícil de memorizar. Cinco pasajes de cinco libros de La Biblia son difíciles de recordar. Por otro lado, la vida no es ni difícil de memorizar ni difícil de recordar. Cuando digo la vida, no hablo solo de ilustraciones personales, aunque las incluyo. Hablo de las experiencias que son comunes para la gente.
Veo algo muy fraudulento por parte de un predicador cuando dice:
—Esto es muy, pero muy importante.
Y luego lee algo que tiene en sus notas. El que constantemente se refiere a sus notas está diciendo: “No he incorporado en mí este mensaje. Quiero que todos lo incorporen, pero yo todavía no lo he hecho”. En consecuencia, creo que cada comunicador eficaz debe saber cómo incorporar todo el mensaje y memorizar la mayor parte de él. Y no, no palabra por palabra, no un manuscrito, no un bosquejo, no literalmente. Sino que de alguna manera deben ser capaces de levantarse y entregar su mensaje como si fuera una historia.
Piense en ello: la única vez que alguien puede leer una historia es cuando no es su propia historia. Usted nunca escuchó que alguien que estuvo a punto de morir asesinado o que fue herido en un accidente de tránsito sacó un papel manuscrito y dijo: “Permítame decirle lo que ocurrió ayer”. Usted nunca escuchó de alguien que abriera una carpeta de tres anillos y dijera: “Déjeme contarle acerca de mis hijos”. Nadie cuenta el partido por el campeonato que jugó su hijo o hija con un bosquejo en la mano. Cuando la gente cuenta una historia personal, esa historia está incorporada en esa persona. Fluye como el agua de un arroyo. A veces cae abundantemente como cae el río en una cascada. De cualquier manera, viene de nuestro interior.
Lo mismo debería suceder con aquellos de nosotros que afirmamos tener la historia más importante del mundo para contar. La historia nos ha cambiado, y por eso la historia ha llegado a ser parte de nuestra historia. De cualquier modo, debe estar incorporada en nosotros. Pero eso no siempre es fácil. Especialmente cuando la comunicación es su responsabilidad semanal.

Historias sin sentido

Más adelante en este capítulo voy a darles varias sugerencias sobre cómo usar notas en secreto, pero las dos cosas que más le ayudarán en esto, son las cosas de las que ya hemos hablado: los mensajes de un solo punto y el uso del método YO —NOSOTROS —DIOS —TÚ —NOSOTROS para bosquejar. Crear mensajes de un solo punto hace incorporar un mensaje mucho más fácil. Recordar un punto es mucho más fácil que memorizar un montón de puntos. Tener una idea que es apoyada por todo lo demás, hace fácil incorporar una charla. Cuando usted tiene un punto fuerte, el objetivo es lograr que su punto no cubra todas sus notas. Si se olvida de alguna parte de su material de ayuda, pero tiene éxito en comunicar su gran idea, felicitaciones, ha logrado hacer lo que vino a hacer.
Y reconozcamos que somos los únicos en el planeta que sabemos lo que olvidamos decir. Y si usted es como muchos predicadores, probablemente tiene mucho contenido con que empezar. Probablemente es bueno que deje de lado algunas cosas. Además, si presta muchos servicios, de alguna manera le será útil también.

Las partes grandes

Cuando se llega a incorporar un mensaje, su bosquejo se vuelve su amigo o su enemigo; o facilita el proceso de incorporación o lo impide. Una razón por la que muchos comunicadores creen que no pueden predicar sin notas, es que el bosquejo que tienen —o el manuscrito—los agobian. Esto está compuesto por el temor de dejar algo afuera o de perder su lugar. Pero todo eso puede ser resuelto adoptando el método para bosquejar del que hemos hablado en el capítulo anterior.
El secreto es reducir todo su mensaje a cinco o seis partes. No en puntos, ni fragmentos, ni partes ni trozos de información. Si puede recordar las partes grandes y el orden en el que están, usted está preparado para empezar.
Las partes grandes sirven como un marcador de kilómetros mental que le permite mantenerse en movimiento y señalar la parte que viene. Cuando se queda sin cosas para decir en cuanto a YO, simplemente sigue adelante hasta NOSOTROS. Puede acabar dejando de lado algunas cosas, pero le repito, nadie lo sabrá excepto usted. Recuerde, el objetivo no es cubrir todas sus notas. Es llevar a su audiencia con usted en un viaje; llevarlos desde un punto marcado a otro, hasta alcanzar su destino.
Cuando entreno comunicadores, a menudo digo:
—¿Cuáles son las partes grandes? Díganme cuáles son. Denme su introducción en una sola declaración. ¿Qué viene después? ¿Qué textos usan? Resuman la aplicación. Denme el pensamiento con el que van cerrar.
Cuando usted puede revisar rápidamente en su mente las cinco o seis partes más grandes del mensaje, es probable que esté preparado para comunicarse sin depender de sus notas.
Las partes más grandes pueden variar en su naturaleza de mensaje a mensaje. Es posible que quiera organizar las partes grandes usando el formato YO —NOSOTROS —DIOS —TÚ —NOSOTROS. O podría querer ser más específico. He aquí algunos ejemplos:

Historia de apertura—Pregunta—Texto—Aplicación—Desafío

Pregunta de apertura—Ilustración—Texto—Desafío—
Aplicación —Historia en el cierre

Introducción—Tensión—Texto—Visual—Aplicación—
Conclusión

Texto —Pregunta —Historia —Texto —Aplicación

Cuando prediqué acerca de las tentaciones de Cristo, abrí el sermón leyendo Mateo 4:1-2, en donde Mateo nos dice que Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado. Qué curioso. Hice algunos comentarios en cuanto qué extraño era eso en la luz del hecho que Jesús había orado específicamente, “no nos metas en tentación”. Luego hablé de mi lucha contra la tentación (YO) y de cuán común es para todos nosotros (NOSOTROS), luego volví al texto para ver la respuesta de Jesús (DIOS). Creo que es genial empezar con el texto si hay algo tan extraño o increíble que inmediatamente llame la atención de la gente.
Hago lo mismo cuando predico sobre el hijo pródigo. La declaración de apertura en esa trilogía de parábolas es que los recaudadores de impuestos y los pecadores se congregaban para escucharle hablar. Qué inusual. Gente que no tenía nada de Jesús, gustaba de escuchar a Jesús.
El punto aquí es identificar las partes grandes de su mensaje y practicar pensando en cada una de ellas. Si conoce las partes grandes, los marcadores de kilómetros, no se perderá. Siempre sabrá cuál es la parte siguiente. Cuando se queda sin cosas para decir en una de las partes, simplemente se pasa a la parte siguiente, sabiendo que probablemente se haya olvidado de decir algo. Pero le digo otra vez, usted es el único que lo sabe.

Los trucos del oficio

Como mencioné anteriormente, hay maneras de usar notas sin que nadie se dé cuenta de que las usa. No necesita memorizar todo. Con el método YO —NOSOTROS —DIOS —TÚ —NOSOTROS, realmente solo hay tres partes grandes que tendrá que memorizar, y que de todas maneras son las más fáciles de recordar: YO, NOSOTROS y NOSOTROS. Estas son las partes personales y probablemente las más cortas. Lo mejor de todo, es que estas son las partes en donde si accidentalmente se olvida de algo, probablemente no importará. Y estas son las partes que yo más practico. Estas son las partes que ensayo mentalmente una y otra vez. Después de todo, YO y NOSOTROS son las partes en donde conectamos y persuadimos a la audiencia. NOSOTROS es parte en donde les inspiramos a hacer algo con lo que han escuchado. Pero entre esas dos partes hay suficientes oportunidades para dar un vistazo a nuestras notas con mucho disimulo.
Supongo que ya ha desarrollado un sistema para escribir comentarios y puntos en los márgenes de su Biblia. E imagino que también ha desarrollado una habilidad para leer el texto mientras mira lo que ha garabateado en los márgenes. Hace algunos años que dejé de garabatear y empecé a cortar el texto que voy a usar de un programa que contiene La Biblia, y pegarlo en un documento procesador de textos. De esa manera puedo imprimir, en lugar de garabatear, lo que quiero recordar dentro del texto. Luego recorto y arreglo las hojas para que queden dentro de mi Biblia.
Hay varias ventajas en esto. Para empezar, no estoy limitado al espacio que me ofrecen los márgenes de mi Biblia. Puedo incluir más notas. De esa manera no estoy saltando de mi Biblia a mis notas y viceversa. Es continuo. Distrae menos. Y para mí es mucho más fácil.
Al final de mi último texto, imprimo un aviso para saber hacia dónde voy desde ahí. Puedo imprimir una declaración resumida con respecto al texto que he leído, como hemos hablado en el capítulo anterior. O puedo imprimir algo como: “Hay tres lugares en donde esto puede aplicarse”. O: “Esto es lo que creo que debemos hacer con las palabras de Jesús”. O si voy a ir del texto a una ayuda visual, escribo: “Ir a visual”.
La otra ventaja de imprimir el texto, es que en aquellas raras ocasiones en las que tengo que referirme a más de un texto, no tengo que buscarlo en mi Biblia, porque ya está impreso. Luego, cuando he terminado, puedo archivar el texto impreso con mi bosquejo para una futura mención. No tengo que usar la misma Biblia ni tengo que volver a escribir todas mis notas en otra Biblia, si quiero repetir ese mensaje.
Otra cosa que hago muy a menudo, es escribir mi punto principal en una tarjeta de tres por cinco y ponerla al lado de mi Biblia. La razón por la que lo hago, es porque mi punto es una declaración que he pasado algún tiempo armándola. Quiero asegurarme de que la declaro correctamente. En el curso de la comunicación de un mensaje, no siempre es fácil para mí sacar mi declaración de mi memoria exactamente como la he construido.
Escribirla con letras grandes y tenerla al lado de mi Biblia, me da la oportunidad de verla antes de entregarla. Esconderla entre mis notas o incluso en el texto me trae mucha confusión. Me gusta tenerla justo ahí en donde no pueda perderla.
He tenido momentos en los que me he dado cuenta de que no voy a decirla correctamente y levanto la tarjeta y digo algo como:
—Esta semana, mientras estuve estudiando escribí esta declaración.
Entonces la leo. Habiéndola leído, normalmente puedo repetirla un par de veces más de memoria. Pero soy un creyente del poder de una declaración bien armada, que preferiría leerla correctamente en lugar de tratar de recordarla y cambiar un punto claro en un punto borroso. He aprendido que sostener en alto una tarjeta y leerla, causa un impacto mayor que mirar las notas hacia abajo y leer las mismas palabras. Una sola declaración en una tarjeta comunica la importancia de lo que usted lee. Es una forma visual de subrayar la importancia de lo que se lee.
Pero habiendo dicho eso, siempre es mejor tener bien memorizado su punto principal. Como regla general, no use notas durante esas partes del mensaje que usted quiera que su audiencia recuerde e incorpore. Es por esto que es tan importante tener memorizada su idea principal. Como dijimos antes en este mismo capítulo, si no ha hecho propia su idea, ¿por qué ellos tendrían que hacerlo? Si usted no puede recordar ni siquiera lo más importante, ¿es esa idea realmente tan importante?
La ayuda final para la memoria viene a nosotros del maravilloso mundo de la tecnología. Tenemos un monitor de video en la primera fila que mira hacia la plataforma. Ocasionalmente doy al equipo de producción una lista corta de cosas para poner en el monitor para estimular a mi memoria. Muchas veces estos son elementos que van en la parte TÚ del mensaje. Estas son aplicaciones específicas que quiero asegurarme de no perderlas. Es mucho más fácil mirar al monitor de video que luchar con mis notas para encontrar algo. He visto a personas usar excesivamente esta tecnología. Parecían estar tan atados a sus monitores, como muchos comunicadores lo están a sus notas. Esta tramposa hoja electrónica no es ningún sustituto para el duro trabajo de memorización. Pero seguramente hace la vida más fácil en esas ocasiones cuando uno se olvida de la aplicación número dos.
A veces pido a nuestro equipo que ponga mi idea principal en el monitor, y que la deje ahí durante todo el mensaje.

Dígalo fuerte

Siempre me preguntan si practico mis sermones. Sí y no. En casa nunca predico todo el mensaje hablando en voz alta. Pero hay partes que ensayo en voz alta la noche anterior. Siempre ensayo las historias. Al contar una historia en voz alta, escucho lo que no está claro y me encuentro con lo que es difícil de explicar. A veces repaso mis historias en la cena, y pido opiniones al respecto.
Las otras partes que ensayo en voz alta, son mis introducciones y mis conclusiones. Nuestras declaraciones de apertura y de cierre son muy importantes. Si no persuadimos a nuestra audiencia en los primeros minutos, será una lucha ascendente desde allí. Si no terminamos con firmeza, todo un mensaje puede ser olvidado antes de que la gente esté en sus respectivos autos. Ocasionalmente escribo a mano mi introducción y mi conclusión. En mi opinión, creo que es imperativo que nuestra apertura y nuestro cierre estén aprendidos de memoria.

Sábado por la noche

Para mí funciona de la siguiente manera: en mi preparación, me adelanto tres semanas. Cualquier día jueves, cuando voy a mi casa desde la oficina, tengo los siguientes tres sermones completamente terminados. La ventaja de adelantarse, es que estoy adelantado. Si algo interfiere con mi tiempo de estudio, no tengo problema, todavía me quedan dos semanas. La otra ventaja es que a nuestro equipo de producción, le da bastante tiempo para producir en
torno al mensaje.
La desventaja de este método es que cuando agarro mi bosquejo el sábado por la tarde o noche, no lo he visto en dos o tres semanas. Y eso me parece como si tuviera que memorizar y digerir mucha información en poco tiempo.
La primera parte de mi tiempo de estudio de los días sábados, la paso simplificando. Mi objetivo en el día sábado es hacerlo tan fácil de memorizar como sea posible. Miro una línea o una idea y pienso: “Nunca recordaré eso”, y la corto. Cuando se compromete a incorporar en usted todo el mensaje, estará altamente motivado a reducirlo al mínimo esencial. Y si solo va a hacer un punto, no es difícil identificar lo que debe cortarse.
Si algo no apoya, ni ilustra, ni aclara el punto, lo corto. He predicado lo suficiente como para estar cómodo con el hecho de que puedo rellenar el tiempo sin tener en cuenta cuánto material corto. Muchas de las personas a quienes entreno, llenan sus mensajes de cosas extras, por el miedo a no tener lo suficiente para decir. Luego, invariablemente se quedan sin tiempo y se ven forzados a apresurar su conclusión, lo cual anula en mucho el impacto de todo el mensaje.
Tener mucho para decir, tiene siempre el mismo efecto que decir nada. Añadir material con el fin de rellenar el tiempo, es un método terrible. Entiendo la presión. Pero piense en ello: ¿tiene usted la tendencia a ser muy corto o muy extenso? Además, si termina temprano, nadie va a quejarse. Presente algunas preguntas y luego envíe a todos a almorzar temprano. En definitiva, menos es más.

Una nota final sobre las notas

Siempre me asombra el hecho de cuán fácil es volver a contar toda la trama de una película después de haberla visto una sola vez. Y mientras miro la película, no hago ningún esfuerzo para recordar algo. Las historias son fáciles de recordar y de repetir. Así también los buenos sermones. ¿Por qué? Porque los buenos sermones son como las buenas películas o como un buen libro. Los sermones lo persuaden en el principio al crear algún tipo de tensión. Ellos eliminan esa tensión. Hay un punto culminante. Y luego hay una conclusión que ata todos los cabos sueltos. Bastante simple. Cuando puede resumir su mensaje a algunos pocos fragmentos, podrá leerse como una historia. Será fácil de recordar como una película. La gente se preguntará cómo pasó tan rápido el tiempo. Pero para que eso suceda usted tiene que incorporar el mensaje en usted. Debe convertirse en su historia.
La otra cosa acerca de una buena película, es que el editor deja mucho en la sala de edición. Al menos eso era lo que hacían en tiempos antiguos. Es decir, quitaban mucho material bueno para que las mejores cosas puedan brillar. Sin mencionar que nadie quiere estar sentado viendo una película de cuatro horas. Para lograr que nuestros mensajes nos sean fáciles de recordar y que la audiencia pueda disfrutarlos, debemos disciplinarnos a hacer lo mismo. Es mejor estar incompleto y persuadir a la audiencia, que cubrir cada pequeña cosa y estar atado a sus notas. Si su audiencia no está persuadida, si no van en el camino con usted, ¿importa realmente que usted diga todo lo que tiene para decir?
Memorice lo que debe ser memorizado. Desarrolle un método para referirse a sus notas que no distraiga a su audiencia del mensaje. Vuelva a pensar en la manera en que usa el texto. Busque oportunidades para usar sus avisos para recordar. Incorpórelo.

PARA USTED

Antes de levantarse para entregar un mensaje, debe poseerlo.

Reduzca todo su mensaje a cinco o seis partes. No puntos, ni partes, ni fragmentos de información.

Si algo no apoya, ni ilustra ni aclara el punto, córtelo.

La necesidad del oyente

Lo primero que debe pensarse, al preparar un sermón, es en la necesidad del oyente. Debemos recordar que es más importante el oyente que el predicador y es en él en quien debe enfocarse.

Hay sermones que son excelentes en su preparación, pero no llegan al corazón de la audiencia, simplemente, porque no logran responder a la necesidad de quien los escucha.

Recuerdo un caso ocurrido en los años 70, vino un predicador al Instituto Bíblico y en el devocional, al exponer La Palabra, predicó un sermón evangelístico; al terminar, invitó a quienes deseaban aceptar a Cristo como Salvador que pasaran al altar. De más está decir que no pasó nadie, todos eran alumnos de un Seminario, llamados a prepararse para el ministerio, no eran inconversos. Este predicador salió muy ofuscado del culto y comentó que los alumnos eran duros de corazón. La culpa no era de los alumnos sino del predicador pues, aunque su sermón era bueno, no apuntaba a la necesidad de los oyentes.

Si alguien va a predicar a un grupo de personas de condición económica muy precaria, que apenas tiene para comer o que pasa hambre, y les habla sobre no afanarse con los bienes materiales o no hacer tesoros en la Tierra, probablemente esa gente no reciba el mensaje, no porque no sea bíblico o esté mal desarrollado sino porque no apunta a la necesidad del oyente.
De la misma manera ocurrirá, si es invitado a predicar a un grupo de empresarios y profesionales, y allí les habla de que confíen en que Dios proveerá milagrosamente para las necesidades cotidianas, el sermón no responde a la necesidad que tienen.
Esto también se aplica a las situaciones dramáticas de la vida diaria. La gente constantemente escucha comentarios sobre algún tema de actualidad y necesita que el predicador le dé la visión cristiana para esa situación. A veces, erróneamente, se piensa que no podemos hablar de algo que estamos viviendo, suele escucharse: “Yo predico de La Biblia”. Correcto, solo que debemos recordar que La Biblia nos habla de todo y nos permite enfrentar los temas actuales desde la óptica divina. No digo con esto que se use el púlpito como noticiero, ni para hacer comentarios políticos, pero sí para responder a las grandes situaciones del momento, porque en La Biblia los mensajes de Dios se basaban en las situaciones del momento.

Cito a modo de ilustración la situación vivida el 11 de septiembre de 2001, cuando sucedieron los atentados a las torres gemelas de Nueva York. El mundo estaba convulsionado, la gente escuchaba en los medios de comunicación este asunto como único tema, todas las conversaciones eran sobre lo sucedido. ¿Cuál era la necesidad entonces? Obviamente, un sermón que mostrara la perspectiva divina sobre este tema sería más escuchado que uno que hablara sobre cualquiera otro tema. Debe entenderse, entonces, que todo sermón comienza con la búsqueda de la necesidad del oyente.

Distintas necesidades

Las necesidades de las personas variarán de acuerdo a su situación espiritual, a su edad, a su realidad económica, física o intelectual. Si debe predicarse en un campamento de jóvenes, las necesidades se relacionan con el mundo juvenil; si el sermón es en una reunión de damas, será necesario dirigirlo en esa dirección.
Las necesidades no solo son físicas o económicas, a veces son espirituales; quizá tengan necesidad de aprender sobre determinado tema o ser exhortados frente algún tipo de comportamiento incorrecto o advertidos sobre situaciones que pueden venir sobre ellos.
Deben tenerse en cuenta todas las posibles necesidades de los oyentes y dirigir el mensaje para responder a las mismas.

Formas de entender las necesidades

Es importante que el predicador tenga bien en claro esto y, en su borrador al preparar el sermón, deberá escribirlo de la manera más elemental posible. Será una frase que le indique, en forma sencilla y entendible, la necesidad que observa en la gente. Es importante recalcar que en esta etapa, como en el resto de la preparación, las frases que se preparen en forma sencilla y clara darán mejores resultados.
Veamos algunos ejemplos de cómo se expresa una necesidad:

No tienen en claro que la salvación es por fe.
Llegan tarde al culto y están despreocupados por la adoración a Dios.
No evangelizan.
Están preocupados por la situación económica.
Están deprimidos porque no han visto milagros en sus vidas.
No están abiertos a la búsqueda de Dios.

En forma sencilla se describirá cuál es la necesidad a la que deberán apuntarse los cañones. El predicador, de esa manera, tendrá en claro cuál es el problema de la gente.
La frase no debe ser rebuscada, ni de difícil elaboración, sino sencilla. No es cuestión de perder tiempo en el armado de algo complicado, simplemente una frase que indique la situación que viven.
La necesidad no tiene por qué ser siempre un problema; a veces estará basada en algo doctrinal o en un proyecto de la iglesia que requiera la atención de la gente.
Veamos estos ejemplos al respecto:

Conocen del Espíritu Santo pero no viven en la plenitud.
Están constantes en la iglesia pero no viven consagrados plenamente.
Oran pero necesitan conocer más sobre la oración.
Comenzará una campaña y es necesario que evangelicen.
Se necesita ayuda para realizar una actividad.
Se realizarán proyectos nuevos y es importante que colaboren con ideas.

En ocasiones sucede que la necesidad es muy directa y grave, entonces el predicador debe tener en claro el problema al preparar su sermón. Es importante que quien predique tenga la suficiente autoridad espiritual para tratar ese tema. Puede que sea el pastor o un invitado a quien el pastor le pida que trate determinado asunto. Sin embargo, en este último caso, si el predicador no es el pastor y no cuenta con el permiso de este para tratar el tema, aunque se tenga en claro la necesidad, puede producir un problema mayor al que se quería solucionar.
Veamos algunos ejemplos de este tipo de necesidades:

Hay división en la iglesia.
El grupo de jóvenes ha estado en una fiesta sobrepasándose de los límites de la conducta cristiana.
Un tiempo de renovación está trayendo problemas entre quienes la aceptan y quienes la rechazan.
Hay chisme generalizado.
Hay un error doctrinal introduciéndose en la iglesia.
Un líder prominente ha caído en pecado y todos se sienten con derecho a hacer lo mismo.

En síntesis, tener en claro la necesidad es la base para comenzar a preparar el sermón. El entender que si el sermón no responde a la necesidad del oyente, no puede esperarse que lo pongan por obra, nos llevará a trabajar sobre este tema. Esto, a la vez, se transforma en un ejercicio de humildad al poner por prioridad al oyente.

Progreso

Ahora, al preparar el sermón, no se recorrerá toda La Biblia para ver de qué hablar, sino que se centrará la expectativa en aquellos temas que respondan a la necesidad del oyente. Note como recién se analizó el primer concepto y ya se facilita la tarea.

Ejercitación

A partir de aquí, en casi todas las secciones, se pedirá la realización de prácticas sobre lo aprendido. Le aconsejo que tome un cuaderno o carpeta y comience a hacerlas, dándole el título de cada capítulo y sección tal como está en este Manual. Este método de poner los títulos del Manual será de utilidad porque, en algunas oportunidades, volverán a citarse temas ya vistos, a la luz de nuevos conceptos, y así será más fácil la ubicación y la realización de la tarea para ese momento.
Esto es de vital importancia para aprender homilética. Suelo decirles a mis alumnos que homilética es como aprender un idioma o matemáticas, pareciera que las primeras clases son tan sencillas que no merecen practicarse; pero ocurre que, al avanzar, el alumno que no realizó las tareas no logra automatizar los pasos y, cuando los quiere aplicar todos juntos, le resulta muy dificultoso.
Saber que puede, o podrá, utilizarse un púlpito cristiano para exponer el mensaje de Dios al hombre merece todo el esfuerzo y buena voluntad para aprender a hacerlo bien.

A continuación, escriba algunas necesidades que supone tendrá una audiencia en la cual un predicador cristiano dará un sermón.

Los propósitos generales

Una vez ubicada la necesidad del oyente, debe buscarse un propósito para el mensaje que dé respuesta a esa necesidad. El propósito determina cual será el rumbo del sermón.
Hay dos tipos de propósitos: los propósitos generales y los propósitos específicos. En esta sección, trataremos los propósitos generales.

Propósito de la predicación:

  • Propósito general
  • Propósito específico

La clasificación de los propósitos generales responde a la necesidad de organización del predicador para no caer en la repetición de temas. Son muchas las variables para clasificar los sermones en cuanto a su propósito general. Los distintos autores sobre la materia los dividen de formas interesantes y muy razonables. Esto es materia de discusión. Yo adhiero a la idea de James D. Crane acerca de este tema, quien, en su libro El Sermón Eficaz, divide a los propósitos generales en seis:

Propósitos generales:

  • Propósito evangelístico
  • Propósito doctrinal
  • Propósito devocional
  • Propósito consagracional
  • Propósito ético moral
  • Propósito de dar aliento

Me gusta esta división porque encuentro que la totalidad de los sermones cristianos pueden ser incorporados en uno de estos seis propósitos generales. En realidad, no se me ocurre un sermón que esté fuera de esta categorización.
Veamos cada uno de ellos.

Propósito evangelístico

Es el sermón que va dirigido a una audiencia que no es cristiana, según el concepto bíblico. Este tipo de sermón busca que crean en el mensaje del evangelio y reciban por la fe la salvación de su alma y la seguridad de la vida eterna en los cielos.
Debe aclararse que no siempre el sermón evangelístico necesita ser una gran oferta de beneficios terrenales a recibir, sino que conviene incluir sermones que hablen de la necesidad de la salvación del alma, de la realidad del cielo y el infierno, de la continuidad de la existencia después de la muerte, de la imposibilidad de la salvación por obras, etc.
El fin de un propósito evangelístico será presentar la necesidad de la salvación y al único que puede otorgarla.

Propósito doctrinal

Es el sermón que tiene por fin enseñar verdades bíblicas. El sermón doctrinal es aquel que indagará en La Biblia las enseñanzas que la gente necesita para encauzar su vida, recordando aquello de la casa fundada sobre la roca.
Los estudios bíblicos (aunque en realidad no son sermones) pueden prepararse dentro del propósito doctrinal. El sermón doctrinal alimentará las bases de la fe mediante el conocimiento de la doctrina bíblica. Su finalidad será que la gente aprenda una verdad y la entienda de una forma tal que vea la posibilidad y la responsabilidad de llevarla a la práctica.
Muchas veces el propósito doctrinal es abarcativo de los demás porque, aunque se predique otro tipo de sermón, siempre se adoctrina a la gente. Pero, específicamente, el propósito doctrinal es aquel que apunta únicamente en esta dirección.

Propósito devocional

Es el tipo de sermones que mueven a la adoración a Dios. La Biblia está llena de mandatos sobre este tema y en los sermones devocionales se impulsa a la alabanza, a la adoración, a brindar reverencia y honra al Rey de la gloria.
Muchas veces la gente confunde la alabanza con un entretenimiento de música para que canten aquellos que les gusta hacerlo. Los sermones devocionales hablarán de estas verdades y mostrarán que la adoración es algo que trasciende a la canción; la música solo es parte de la adoración pero ésta va mucho más allá.
La audiencia, al escuchar un sermón devocional, deberá sentir deseos de postrarse para adorar entendiendo que esa actitud es un reclamo divino.

Propósito consagracional

Este propósito está en los sermones que tienen por finalidad instar a la entrega, a la consagración de todo aquello que la persona debe darle a Dios. Es necesario aclarar que se distinguen de los sermones evangelísticos, pues si bien allí la persona se la invita a que consagre su vida, lo hará para la salvación de su alma. Debe diferenciarse también de los devocionales, pues allí es invitado a dar pero adoración y alabanza. En el consagracional, el oyente es instado a darle a Dios algo tangible y práctico de su vida.
En los sermones consagracionales la persona es desafiada a dar más de su tiempo para la causa del Señor o a dar su vida a las misiones o a abrir su casa para actividades relacionadas con la iglesia o a dar su dinero a la obra de Dios o a usar pertenencias suyas para actividades que son de la obra o a usar las ventajas de su profesión u oficio para beneficio de la obra de Dios. En síntesis, es dar a Dios de aquello que se tiene.

Propósito ético-moral

Estos son los sermones que le enseñan a la gente sobre su vida diaria. Se les habla de su comportamiento afuera de la iglesia. Comprenden los finales de prácticamente todas las cartas del Nuevo Testamento, que llevan al creyente a una forma de vida superior, que esté de acuerdo a la ley de Dios.
El ético moral será presentado de acuerdo a la visión de la iglesia en particular, o la denominación en general. No es idea de este Manual decir cuáles deben ser los sermones ético-morales en cuanto a la forma de ver la doctrina cristiana, especialmente en ese sector en que hay discrepancias entre algo que es lícito hacer y algo que no lo es. No obstante lo antedicho, hay verdades ético-morales en La Biblia en las cuales la totalidad de la iglesia está de acuerdo, cito estas como ejemplo; sermones de este tipo son los que hablan en contra de la mentira, la deshonestidad, los pecados sexuales, los vicios, la violencia, el aborto, el ocultismo, las raíces de amargura guardadas en el corazón, la rebeldía, etc.

Propósito de dar aliento

Es el tipo de sermones que tienen como finalidad traer ánimo al oyente. Hablarán de las promesas de Dios, de los milagros, de la compañía diaria de Cristo y de la vida eterna.
Este tipo de sermones busca traer aliento al desanimado, basándose en las razones bíblicas para conseguirlo. Deberemos descartar todo tipo de aliento establecido en filosofías humanas o en ideas personales; el sermón está fundado en La Biblia y deberá ser presentado desde la óptica de La Palabra.

Datos importantes

A veces escucho como propósito general el exhortativo. Esto es un error ya que, cuando el propósito es exhortar, generalmente hay ganas de “dar palos” y así no es como se maneja el púlpito. La exhortación está presente dentro de los sermones cristianos pero no como un ente en sí misma; podemos exhortar dentro de cualquiera de los seis propósitos generales; pero exhortar por exhortar no; se exhortará, por ejemplo, contra el vicio, pues eso será un sermón ético-moral; se exhortará contra aquellos que no le entregan nada a Dios, pues entonces será un sermón consagracional.
En el próximo capítulo, aparecerá algo más sobre la exhortación; no la descarto sino que aclaro que no es un propósito general.
Todo sermón deberá tener un solo propósito general. A veces mientras se predica con un determinado propósito, aparece otro soslayadamente pero el sermón tendrá básicamente uno solo. Un sermón consagracional quizás tenga partes doctrinales, un sermón evangelístico probablemente incluya algo de dar aliento, pero el propósito general debe ser uno. Más de esto se prestará a confusión, sencillamente porque, para lograr metas, cada cosa que se hace debe tener un propósito.

Balanceo

Los propósitos generales utilizados dependerán del tipo de ministerio que se tenga. Deberemos para esto dividir las distintas formas de trabajo para Dios. Quienes tienen un ministerio específico harán énfasis casi exclusivamente en un solo propósito general. Así, el evangelista predicará únicamente sermones evangelísticos (al menos en sus campañas), los maestros tendrán casi exclusivamente sermones doctrinales, y aquellos que están en el ministerio de la alabanza predicarán sermones devocionales.
Por el contrario, el pastor, más allá del énfasis que personalmente tenga su ministerio, deberá cuidar que los seis propósitos estén presentes en forma balanceada en sus sermones, de manera que la iglesia crezca bien coordinada.
De la misma manera que en una familia se come todo tipo de comidas para responder a una dieta balanceada que permita el correcto crecimiento del cuerpo y su mantenimiento, así la iglesia debe tener una dieta balanceada. Si alguien sabe cocinar una comida que le guste mucho a todos, no por eso dejará de hacer las variedades de comida que el cuerpo necesita; de la misma manera ocurre en la iglesia.
Esto debe aplicarse especialmente en los cultos del domingo, cuando está presente la totalidad de la iglesia, dado que muchos de los integrantes jamás participan de otras actividades y necesitan el balanceo que solo podrán recibir en el culto dominical.
Cuando un pastor, porque tiene una tendencia ministerial determinada, se centra en uno solo de los propósitos generales, la iglesia crece en ese aspecto pero no en los otros; de esa manera se transforma en defectuosa. Por ejemplo, en una congregación donde solo se predica evangelismo tendrán una gran seguridad de la vida eterna pero probablemente su comportamiento diario sea malo. En una donde solo se prediquen sermones doctrinales tendrán conocimientos extraordinarios pero les faltará el desafío para ganar almas. En donde únicamente se expongan sermones ético-morales se caerá en el legalismo; y si solamente son devocionales, serán adoradores pero no personas con buen ánimo para enfrentar las luchas.
El secreto, por tanto, es tener una dieta balanceada, donde todos los propósitos estén presentes, y formar íntegramente al cristiano según lo encomendado en La Biblia para hacerlo crecer hasta la estatura de la plenitud de Cristo.

Progreso

Ahora que ha dado este paso en la preparación previa note que, aunque todavía no tiene el pasaje a predicar ni de qué va a hablar, no obstante va facilitándose el camino a la predicación. Ya sabe la necesidad del oyente y le agregó un propósito general; esto implica que el camino de la búsqueda del sermón se cierra sobre determinada idea y no tiene que navegar por toda La Biblia y todos sus conocimientos para hallar su sermón. Ahora buscará ideas que respondan a la necesidad y al propósito general; esto facilitará su preparación.

Ejercitación

Transcriba esta hoja en su cuaderno o carpeta de prácticas y realice la ejercitación. Coloque al costado de cada una de estas necesidades, el propósito general que deberá tener el sermón:

Necesidad: No tienen en claro que la salvación es por fe.
Propósito general: doctrinal.
Necesidad: Llegan tarde al culto y están despreocupados por la adoración.
Propósito general: ………………………………………………………………..
Necesidad: No evangelizan.
Propósito general: ………………………………………………………………..
Necesidad: Están asustados por la situación económica.
Propósito general: ………………………………………………………………..

Prepare algunos ejemplos completos, es decir necesidad y propósito general. Para ello, puede tomar las necesidades que preparó en la sección anterior y agregarles el propósito general.