Un Liderazgo Integro y Piadoso

Un Liderazgo Integro y Piadoso

UN LIDERAZGO ÍNTEGRO Y PIADOSO

“Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” (Pr. 4.23).

Estamos muy acostumbrados a oír acerca de un liderazgo integral y exitoso, pero no es tan frecuente pensar en un liderazgo íntegro y piadoso. Hace algunos años atrás, mi compañero en la facultad de la Escuela de Misión Mundial del Seminario Teológico Fuller, en Pasadena, California, llevó a cabo un estudio que reveló resultados alarmantes. A través de su análisis de líderes de la Biblia, encontró que sólo uno de cada tres mantuvo una relación dinámica con Dios y no abusó de su poder en el ministerio.

Sólo uno de cada tres terminó bien. J. Robert Clinton, mi colega, llegó a la conclusión de que el porcentaje entre los líderes cristianos hoy es similar, si es que no es peor.

Si los líderes cristianos no se enfocan en la integridad de su corazón, estarán corriendo un serio riesgo de fracasar como tales. Esto debería no sólo llamarnos la atención, sino movernos a tomar decisiones radicales. El autor de Proverbios es bien claro en su admonición: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.” El corazón, nuestro ser interior o nuestro espíritu, es también la vertiente de nuestra vocación y compromiso como siervos y siervas del Señor. Además, tengamos en cuenta que en el corazón de toda iglesia cristiana hay líderes, y no hay una manera más rápida y efectiva de neutralizar a una iglesia en su misión y destrozar su credibilidad, que a través de un líder caído o enfermo espiritualmente.

En su famoso libro Cartas a un diablo novato, C. S. Lewis nos presenta una visión doméstica de las tácticas del enemigo. En ella, el demonio Escrutopo mentorea a su sobrino Orugoso, para que impida el florecimiento del reino de Dios. ¿Cuál es su táctica? Atacar el carácter personal y la fe del cristiano, y hacerlo lentamente. Dice él: “Realmente el camino más seguro al Infierno es el camino gradual—la ladera suave, el suelo llano, sin vueltas repentinas, sin escollos, sin señales.”

Cuando el diablo logra minar la integridad personal y mellar la piedad de los líderes tiene vía libre para destrozar a cualquier comunidad de fe. La fortaleza de una iglesia en el cumplimiento de la misión está ligada críticamente a la vida personal de sus líderes. Para salvaguarda la misión de la iglesia debemos guardar nuestra integridad y piedad, es decir, cuidar nuestro corazón. En este sentido, hay cinco advertencias a tener en cuenta si es que queremos ser líderes íntegros y piadosos.

1) Si piensas que estásfirme, ten cuidado de no caer (1 Co. 10-12).

“Por tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer.”

En relación con esto, hay otro estudio interesante sobre el liderazgo cristiano que quiero mencionar. Es una investigación llevada a cabo por el Dr. Howard Hendricks, profesor del Seminario Teológico de Dallas. El Dr. Hendricks entrevistó a 246 individuos que habían cometido pecados de inmoralidad sexual en un período de dos años. Hendricks quería determinar cuáles habían sido los factores claves que llevaron a la caída de estas personas. De estos 246 individuos, todos creían que ellos eran incapaces de caer moralmente, que jamás cometerían estos pecados.

La primera advertencia a la que debemos prestar atención es: si tú crees que eres inmune al pecado, entonces eres el más vulnerable y el candidato número uno a caer. Además, todos los encuestados manifestaron que habían abandonado su tiempo diario con el Señor en oración y ninguno de ellos tenía la cobertura espiritual de un colega o daba cuenta a alguien, a alguna autoridad espiritual, de sus acciones.

Incluso si un líder no cae públicamente, un líder cuyo corazón no está arraigado en Cristo y lleno del Espíritu Santo puede transformarse en un instrumento devastador para su ministerio y comunidad de fe. Jesús dijo con claridad: “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada” (Jn. 15.5). Jesús no dijo que podemos hacer poco separados de él. Él dijo que no podemos hacernada. “Separados de mí no pueden ustedes hacer nada.” Un líder que no está profundamente arraigado en la oración y en las disciplinas espirituales es un líder susceptible a fracasar en el ministerio y un candidato firme a destruir a su iglesia.

Hace unos cuantos años atrás yo era un líder así. A los ojos de los miembros de mi congregación y de mi denominación era un modelo de persona. Pero mi corazón estaba lejos de la integridad y la piedad. Había aprendido a ser un gran hipócrita, a ganar el aplauso de los demás, a pesar de la desaprobación del Señor por mi conducta. Comencé a dejar de confiar plenamente en él y a descansar cada vez más en mis propias fuerzas, mi intelecto, mi elocuencia, mi capacidad de mentir. Estaba tan ocupado en tantas cosas para mantener la imagen personal que me había inventado, que no tenía tiempo para el Señor y mi familia. Tenía tanto éxito en todo lo que hacía, que quedé seducido conmigo mismo. Estaba tan ocupado en múltiples ministerios, que no presté la debida atención a mi crecimiento personal en Cristo y en trabajar por un discipulado personal más profundo. Poco a poco caí en la actitud necia de decirme a mí mismo: “Voy a pasar tiempo con el Señor cuando me sienta vacío espiritualmente.” Pero esto era una pobre excusa para la realidad de que no estaba dedicando tiempo para escuchar al Señor en oración o aprender de él a través de su Palabra.

Lo más grave de todo esto no fue el daño que estaba produciendo a mi familia y a mi ministerio, sino que estaba comprometiendo la salud espiritual de toda una congregación. Cuando tomé conciencia de esto, decidí que lo mejor era abandonar el ministerio. Y así lo hice, pero sin renunciar a mis pecados y vanidad. Hasta que el Espíritu Santo tocó mi vida, me liberó, me sanó espiritualmente y la gracia del Señor me inundó de paz, y fui restaurado.

Cuando un líder no crece en Cristo compromete la integridad espiritual de toda su congregación y la lleva a un pantano moral y espiritual de enormes consecuencias. La iglesia puede seguir funcionando incluso con un éxito aparente, pero sin una dependencia saludable de Dios, estará construyendo su futuro sobre la arena. El salmista lo expresa con claridad: “Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles” (Sal. 127.1).


2) Revístete de humildad en tu trato con los demás (1 P. 5.5).

“Revístanse todos de humildad en su trato mutuo, porque ‘Dios se

opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes’.”

La única manera de llevar adelante un liderazgo fructífero conforme a la voluntad de Dios es desarrollando una actitud correcta de humildad y ambición controlada. Manos y corazón, acción y actitudes, deben estar enfocados en un liderazgo guiado por el Espíritu Santo, un auténtico liderazgo de siervos y siervas del Señor. Este es un liderazgo que tiene en Jesús su modelo de referencia y no en ningún líder de éxito o fama actual. Es un liderazgo que imita al Señor en todo, especialmente en su humildad y entrega. Es un liderazgo que sabe bien que “Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes” (1 P. 5.5).

El fraile franciscano Brennan Manning es el autor de un libro titulado El Evangelio Pelagatos. Predicando a un grupo de pastores de megaiglesias hace un tiempo atrás, les dijo: “El ídolo más grande que encuentro en los líderes es la ambición.” Coincido plenamente con su diagnóstico. La seducción del éxito y el crecimiento puede llevar a situaciones bien peligrosas tanto para el líder como para la comunidad de fe que conduce.

Fred Smith, presidente de una organización llamada The Gathering (la reunión), que es una comunidad de donantes y filántropos cristianos, dijo que su preocupación más grande en relación con los líderes cristianos de hoy es el énfasis contemporáneo sobre el prestigio y la imagen personal. Según él: “Nuestras plataformas se han transformado en los cadalsos sobre los que está ahorcada nuestra humildad.” Obsesionados por la aceptación de los demás y por la elevación de nuestra reputación, es muy fácil caer en la trampa del orgullo.

Y el orgullo puede tener efectos devastadores sobre el ministerio personal y la vida total de la congregación a la que servimos. Un experto en el análisis y evaluación de empresas, Jim Collins, en su libro How the Mighty Fall (cómo caen los poderosos) dice que el primer paso hacia la destrucción de una compañía es “la hubris nacida del éxito.  La palabra hubris se refiere a un orgullo exagerado o a una autoconfianza que muchas veces resulta en la expectativa de cierta retribución o recompensa. Una definición de hubris dice que es un concepto griego que puede traducirse como “desmesura” y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerada, especialmente cuando se ostenta cierta cuota de poder. Este síndrome, el síndrome de hubris, afecta hoy a ciertos líderes políticos y a no pocos pastores y líderes evangélicos.

Nótese que se trata de una actitud interior y no de un factor externo. El orgullo nos lleva a adoptar una definición equivocada de lo que es el éxito en la vida. Cuando comenzamos a tener como nuestra prioridad un ministerio exitoso y no un ministerio fructífero, estamos sembrando las semillas del desastre y la corrupción de la comunidad de fe a la que servimos. El egocentrismo puede producir éxitos pasajeros, pero generalmente termina por minar a la congregación en el largo plazo.

En lugar de hubris, que es un síndrome mortal, el líder cristiano debería procurar desarrollar una actitud de humbición, es decir, humildad más ambición. No hay contradicción de términos entre humildad y ambición. Cuando el líder es auténticamente humilde, su ambición por enorme que sea estará bajo control y lo impulsará al logro de grandes cosas para el reino. Indudablemente, el papa Francisco, a pesar de sus varios errores, es un hombre de grandes ambiciones y metas casi imposibles. Pero ya ha dado evidencias suficientes de estar gobernado por un grado superlativo de humildad. Su humbición no lo hace exitoso, pero sí lo hace fructífero. ¿Podemos los evangélicos mencionar un líder nuestro que se destaque por lo mismo? ¿Cómo son los líderes que nos sirven de modelo e inspiración? ¿Cómo son los líderes a quienes queremos imitar y bajo cuya cobertura espiritual pretendemos colocarnos?

El orgullo y la ambición desmedida de los líderes terminan por frustrar el propósito de Dios para una comunidad de fe. Cuando un líder se convence de que él o ella lo sabe todo, que tiene la solución para todos los problemas, que es el instrumento exclusivo de Dios para renovar y restaurar a su iglesia, o que Dios sólo le habla a él o ella,tal líder ya se encuentra en el proceso de una caída estrepitosa de consecuencias nefastas, para él o ella y para la gente que lidera. Cuando el egoísmo, el orgullo, el egocentrismo, la ambición desmedida de poder, la arrogancia y el autoritarismo se apoderan de un líder, su único destino es el colapso y la licuación de todos sus esfuerzos.

En definitiva, el problema no está en las circunstancias que rodean al ministerio y que lo desafían permanentemente. El problema mayor está en cuál es la actitud del líder, es decir, qué es lo que domina su corazón. Si su corazón está dominado por el orgullo y la ambición, lo único que puede esperarse es muerte, “porque del corazón mana la vida.” De allí la necesidad de que el líder cuide su corazón por sobre todas las cosas.


3) Apóyate sobre el fundamento de Dios que es sólido y se mantiene firme (2 Ti. 2.19).

“A pesar de todo, el fundamento de Dios es sólido y se mantiene

firme, pues está sellado con esta inscripción: ‘El Señor conoce a

los suyos,’ y esta otra: ‘Que se aparte de la maldad todo el que

invoca el nombre del Señor’.”

Cuando nos olvidamos de alimentar nuestra fe y de cementar nuestro fundamento, nos tornamos vulnerables y fácilmente nos fundimos y quedamos exhaustos en nuestros esfuerzos. El colapso físico, emocional, espiritual y relacional afecta y daña directamente la misión que se supone debemos cumplir. Es imprescindible, entonces, construir nuestras vidas y ministerios sobre bases firmes y sólidas. Si vamos a ser líderes fructíferos, necesitamos del fundamento de Dios que es sólido y se mantiene firme.

Los grandes reformadores religiosos y sociales, que lograron llevar sus proyectos hasta las últimas consecuencias y recorrer un largo camino para hacerlos realidad, y que con paciencia alcanzaron con buenos resultados las metas que se propusieron, fueron personas que entendieron la relación que existe entre el crecimiento espiritual interior y el servicio fiel. Fueron hombres y mujeres que tomaron en serio la palabra de Dios de que él “conoce a los suyos” y que es necesario apartarse de la maldad si de veras somos de los que invocamos el nombre del Señor (2 Ti. 2.19). Tal fue el caso de líderes como Martín Lutero, Juan Calvino, los líderes anabautistas del siglo XVI, Juan Wesley, Carlos Spurgeon, Billy Graham, Carlos Annacondia, y una inmensa nube de testigos que hoy están contemplando nuestra propia carrera como líderes. Entre los miles de estos testigos quiero destacar como ilustración a uno de los activistas sociales más celebrados del siglo XIX: Guillermo Wilberforce.

En la historia del cristianismo se lo conoce como el hombre que invirtió toda su vida para lograr la abolición de la esclavitud, superando desafíos que parecían imposibles de vencer. Durante treinta años, hasta su muerte, luchó la dura batalla contra la esclavitud. Y él mismo da testimonio que pudo hacerlo en razón de su fe y de las raíces que lo sostuvieron. Los desafíos que confrontó fueron enormes. No sólo que con sus reclamos él amenazaba los fundamentos mismos del Imperio Británico al hacer campaña a favor de una causa que demolía el poder financiero de Gran Bretaña y su posición de dominio global, sino que también tuvo que soportar una ceguera física, sufría de úlceras intestinales, se hizo adicto al opio recetado por sus médicos, y su columna vertebral estaba tan encorvada que necesitaba de un tensor para que su cabeza no se apoyara sobre su pecho.

Wilberforce era un hombre con una causa. Sin embargo, mucho más importante es que era un hombre con un fundamento. En cierta oportunidad declaró: “Tú no puedes perseverar en llevar fruto si cortas la raíz.” Para él, la raíz era una fe en Dios firmemente prendidaa la obra redentora de Cristo en la cruz y al mantenimiento de las disciplinas espirituales a lo largo de toda su vida. Su ejemplo nos recuerda el lugar central de una fe centrada en el Señor, una fe que orbita cada día en torno a él y su gracia.

Un liderazgo íntegro y piadoso es aquel que está obsesionado con las cuestiones del corazón. Este es el liderazgo de un líder que cree que todo lo que hace surge de lo que él o ella es en Cristo. Allí reside el secreto de su feracidad en el reino de Dios. Si no prestamos atención a nuestra fe personal en Cristo, nuestra vida y ministerio se desarrollarán sin raíces profundas. Serán como una nave sin ancla navegando a la deriva, como un avión sin radar volando sin saber a dónde va. Es a través de sus palabras, acciones y conducta que los líderes destruyen o construyen su misión. Es cuando sus palabras, acciones y conducta están sólidamente arraigadas en Cristo, que traen como resultado frutos abundantes para la gloria de Dios y la bendición de muchos.

4) Preocúpate de veras por el bienestar de las personas (Fil. 2.19-20).

“Espero en el Señor Jesús enviarles pronto a Timoteo, para que

también yo cobre ánimo al recibir noticias de ustedes. No tengo a

nadie más que, como él, se preocupe de veras por el bienestar de

ustedes.”

Una de las grandes necesidades en el liderazgo cristiano hoy es el desarrollo de una auténtica preocupación por las personas y no por los números, el éxito y la fama personal, el prestigio y la notoriedad institucional. Las personas son más importantes que las instituciones y que la más insigne de las causas humanas. Algunos ministerios dan la impresión de que las personas son sólo un medio para alcanzar otros fines espurios y no son un fin en sí mismo. Cristo no dio su vida por una causa ni por pasar a los libros de historia como un mártir de buenos principios. El murió y resucitó para redimir personas, a las que amó mucho más que a su propia vida. Un líder íntegro y piadoso se enfoca antes que nada en las personas a las que sirve en el nombre del Señor y por las que entrega todo.

No hace mucho un conocido mío me contó una experiencia personal de su tiempo al comienzo de su carrera cuando trabajaba como representante de ventas para una compañía de servicios financieros. Cierto día hizo una llamada de cortesía a uno de los clientes más importantes de la compañía y fue reprendido duramente e insultado con total desconsideración. Inmediatamente mi amigo informó de lo ocurrido a su supervisor. Si bien el episodio había ocurrido con el cliente más influyente que tenía su compañía, el supervisor respondió: “Si esa es la manera en que ellos te trataron, entonces ése no es el tipo de clientes que nosotros queremos tener.” Y su supervisor tomó el teléfono, llamó al cliente, y le dijo que su compañía ya no estaba interesada en hacer negocios con ellos. La respuesta del supervisor puso en evidencia el carácter y los valores de la compañía de la que mi amigo y él eran empleados. Claramente, esta compañía valoraba más a las personas que a las ganancias de corto plazo.

Cuando mi conocido me contó esta historia, lo que más me impresionó fue que este incidente puso de manifiesto la cultura y ética subyacente de la compañía en la que trabajaba, cultura y ética que había sido muy bien comunicada a su supervisor y a él mismo: las personas son más importantes que cualquier otro valor. En esa compañía, los líderes decidían y actuaban siempre en conformidad con sus creencias fundamentales, incluso al costo de ciertas pérdidas financieras o dificultades con las empresas clientes. No obstante, el resultado de esta cultura y ética empresaria era un nivel increíble de confianza y de compromiso por parte de los empleados, que eran tratados como personas y no como números o unidades de trabajo.

La iglesia no es una empresa ni tiene empleados. Pero sí es una comunidad de personas que se han comprometido unas con otras por medio de un pacto de fe y que trabajan juntas a favor de una causa común. ¿Cómo ve el líder cristiano a los miembros de la iglesia? ¿Es cada creyente un mero número en la lista de miembros, uno más en la nómina de personas que ofrendan, o una persona por la que Cristo murió y que merece el mayor de los respetos, y todo el amor y consideración que se le pueda brindar?

En definitiva, un líder íntegro y piadoso es aquel que constantemente está tomando decisiones para fortalecer, más que debilitar, la misión cristiana. Y esto no tiene tanto que ver con lo que hacemos o con lo que decimos que somos, sino con la manera en que actuamos respecto a los demás. En materia de integridad y servicio, el líder íntegro y piadoso sabe muy bien cómo tiene que proceder. Los miembros de su iglesia no están ansiosos preguntándose si su líder va a decidir y actuar correctamente. Ellos saben que son el foco de sus oraciones, la carga de su corazón y el centro de su acción pastoral amorosa y responsable. Ellos consideran a su líder como Pablo estimaba a Timoteo y su liderazgo de los creyentes filipenses, cuando decía: “No tengo a nadie más que, como él, se preocupe de veras por el bienestar de ustedes.”

5) Evita todo lo que dañe a tu fidelidad (Pr. 22.5).

“Espinas y trampas hay en la senda de los impíos, pero el que cuida su vida se aleja de ellas.”

Creo que estarán de acuerdo conmigo en quien, de todos los líderes evangélicos mundiales contemporáneos, el que más se destaca por su integridad y piedad es el Dr. Billy Graham. En todos los aspectos, este gran evangelista, que ya está con el Señor,vivió una vida consistente con el mensaje que predicaba. Después de estar bajo los reflectores y el escrutinio público por más de seis décadas, uno podría pensar que los críticos más feroces y aquellos que siempre ven una mosca en la sopa tienen que haberle encontrado algún punto flojo en su ministerio. Sin embargo, su ministerio y reputación continuaron impolutos hasta el día de su partida. ¿Cómo hizo para vivir tan fielmente al evangelio y al ministerio que el Señor le confió? Mientras decenas de líderes evangélicos famosos en todo el mundo no pudieron mantenerse de pie sobre un pedestal de integridad y piedad, Billy Graham logró demostrar su logro a lo largo de toda su vida de servicio.

Hace unos pocos años atrás, Harold Myra y Marshall Shelley escribieron un libro muy interesante sobre este siervo del Señor, titulado The Leadership Secrets of Billy Graham (los secretos del liderazgo de Billy Graham). En sus páginas estos autores nos presentan una guía para aprender de su ejemplo. Básicamente, según ellos, el secreto de su alta performance como hombre de Dios residía en el hecho de que Billy Graham entendió la relación que existe entre la vida personal y el ministerio. Muy temprano en su ministerio, él se dio cuenta de que, como él mismo decía: “el entusiasmo espiritual no te hace inmune a la codicia, el orgullo, la lascivia y la ambición.”

En 1948, como líder de Juventud para Cristo, él creó las salvaguardas para proteger su corazón y la reputación de su equipo evangelizador. En una reunión que tuvieron en Modesto, California, el equipo individualmente reflexionó sobre cada tentación, que podían imaginar que iban a confrontar en su ministerio. Luego se reunieron como equipo en plenario y, para sorpresa de todos ellos, descubrieron que las listas de estos peligros eran notablemente similares. La lista definitiva incluía las siguientes amenazas, que demandaban prestar atención al cuidado del corazón.

1. Un manejo turbio del dinero. La tentación aquí era a extraer tanto dinero como era posible de la gente que concurría a una campaña, generalmente apelando a impactos emocionales. Graham y su equipo comprendieron el peligro de la seducción de la codicia y la posibilidad de tomar ventaja de la gente que asistía a sus presentaciones. Como resultado, intencionalmente renunciaron a levantar ofrendas ellos mismos y dejaron en manos de los organizadores locales la financiación de estos eventos. De esta manera evitaron todo alegato de especulación o manipuleo financiero.

2. La inmoralidad sexual. El equipo identificó que una de las tensiones más difíciles de los evangelistas viajeros o itinerantes era el tiempo que pasaban lejos de sus familias, lo cual abría las puertas a una conducta inapropiada. Según el propio Graham: “Nos juramentamos entre nosotros a evitar cualquier situación que pudiera haber tenido incluso la apariencia de algún compromiso o sospecha.” Tomando como guía el versículo de 2 Timoteo 2.22: “Huye de las malas pasiones de la juventud,” se comprometieron a no estar solos con otras mujeres que no fuesen sus esposas. Cuando tenían una reunión con alguien del sexo opuesto, lo hacían de manera no comprometedora y siempre con la compañía de otros. Esencialmente, esto significaba hacerlo en público.

3.  Los logros exagerados. Un desliz “menor” en no decir la verdad era (y es) una tentación común en gente que está expuesta al público. Pero este pequeño compromiso se transforma en la vía de entrada a cuestiones morales más grandes. Graham sabía que no había “pecados pequeños” y decidió establecer procedimientos y protocolos para que siempre se dijese la verdad bajo cualquier circunstancia. Por ejemplo, en lugar de exagerar el tamaño de una audiencia, Graham y su equipo aceptaban las estimaciones del tamaño de la multitud que daba la policía y otros oficiales de gobierno, incluso si ellos creían que había más personas en la reunión. También, en lugar de denominar como “convertidos” a las personas que venían al frente con la invitación, ellos preferían llamarlos “interesados.”

Estos principios se transformaron en porciones de lo que se conoció como el “Manifiesto de Modesto.” Poco después de este compromiso, el ministerio evangelizador de Graham se catapultó a la fama y la notoriedad internacional, pero permaneció bien plantado en suelo firme. Graham comprendió de qué manera sus acciones podían impactar sobre su ministerio y fue inquebrantable en su compromiso de integridad.

CONCLUSIÓN:  A lo largo de su vasto ministerio, Billy Graham llevó el “Manifiesto de Modesto” todavía un paso más adelante. Reunió a personas muy influyentes para crear una junta para su asociación evangelizadora, un grupo de personas ante el cual ser responsable y dar cuenta de su ministerio. Estas fueron personas a las que el gran evangelista les reconoció autoridad para supervisar las decisiones de su equipo. Incluso Graham mismo, a lo largo de su ministerio, estuvo sujeto a esta junta, sin tratar de esquivarlos o de encontrar huecos para su propio beneficio. Él creyó siempre y firmemente en que necesitaba de un grupo de personas de confianza a quienes pudiera decirles la verdad siempre y en todo, incluso cuando esto fuese incómodo o difícil.

Del ejemplo de Billy Graham aprendemos que un líder íntegro y piadoso:

A) Es alguien que admite su vulnerabilidad. Jamás se olvida de su propia pecaminosidad. En razón de la magnitud de la misión que tiene que llevar a cabo, sabe muy bien que la medida a saltar, como en el salto en alto, está muy alta como para poner la fe en sus propias fuerzas.

B) Es alguien que invita a otros a participar de su liderazgo. El líder que se larga solo al ministerio corre muchos más peligros que el que trabaja en equipos ministeriales. Por eso, el líder íntegro y piadoso invita a sus amigos más íntimos y a su familia a participar de su ministerio y a opinar honesta y cándidamente sobre su vida y acción. Es un siervo o sierva de Dios que da la bienvenida y celebra los desafíos comprometiéndose a rendir cuenta de sus acciones a su círculo de confianza.

C) Es alguien que crea las salvaguardas contra lo indebido. Este líder íntegro y piadoso construye salvaguardas, como hizo Billy Graham para cuidarse del fracaso moral. El líder que pierde el rumbo o se desbarranca es generalmente aquel que no ha tomado estas medidas de seguridad.

D) Es alguien que permanece en la vid. Este líder íntegro y piadoso sabe que su capacidad de dar fruto depende totalmente de Aquel que lo sostiene. Este líder prioriza su fe y la práctica de las disciplinas espirituales con regularidad. Sabe muy bien que cuanto más profunda e intensa sea su relación personal con el Señor, tanto más será un instrumento útil de su poder y autoridad.

Para decirlo en una sola palabra, los líderes íntegros y piadosos son creyentes que permanecen en Jesús. Celebramos las vidas de líderes como Lutero, Calvino, Wesley, Spurgeon, Billy Graham y Annacondia. Ellos han sabido ser modelos de cómo conectar la integridad y la piedad propias con el impacto que tuvieron en las iglesias y ministerios que lideraron. Ellos fueron obedientes en responder a la amonestación del Señor cuando dijo: “Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada” (Jn. 15.4-5).

© 2019, Pablo A. Deiros.

 

 

Comparte Tu Comentario

Tu email no sera publicado.